Manuel Cervera-Marzal, politólogo: «Estamos en una etapa de auge de la resistencia»

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Tras un año de fuertes movilizaciones, el politólogo Manuel Cervera-Marzal analiza el creciente recurso a la desobediencia civil. Esta contestación popular ha sido adoptada por movimientos heterogéneos, que agitan un régimen representativo anquilosado.

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En el contexto de las movilizaciones en defensa del clima o de las protestas de los chalecos amarillos, la desobediencia civil se ha convertido en un elemento imprescindible en las acciones llevadas a cabo por los movimientos sociales contemporáneos.

¿Se debe a que el sistema representativo se ha vuelto impermeable a las reivindicaciones de la sociedad? ¿Debe considerarse una estrategia más propicia para lograr victorias o un mal menor en un contexto político endurecido? ¿Cuál es su genealogía, en Francia y en el extranjero?

Mediapart entrevista a Manuel Cervera-Marzal, investigador del FNRS (por sus siglas en francés, el Fondo Nacional de Investigación Científica, de la Universidad belga de Lieja) e investigador postdoctoral del LabexMed (Universidad de Aix-Marseille, en Francia).

En la confluencia de la filosofía, de la ciencia política y de la sociología, Cervera-Marzal ha dedicado muchos años a comprender la teoría y las prácticas de la desobediencia civil, a la que ha dedicado numerosos trabajos, como la historia de La Pensée désobéissante de Thoreau à Martin Luther King [El pensamiento desobedeciente de Thoreau a Martin Luther King], o un ensayo dedicado a Les Nouveaux Désobéissants [Los nuevos desobedientes].

Manuel Cervera-Marzal. © DR Manuel Cervera-Marzal. © DR
El movimiento de los chalecos amarillos marcaba el año 2019 en Francia. Sus protagonistas no han dudado en ocupar las rotondas, manifestarse en espacios prohibidos... ¿Se puede considerar entonces que es un movimiento de desobediencia civil?

Teniendo en cuenta que este movimiento es sobre todo polifacético, es evidente que algunas de las acciones que abarcan se ajustan completamente a esta tradición. Construir y vivir en campamentos instalados en las rotondas responde claramente a la definición de desobediencia civil, es decir, llevar a cabo acciones ilegales pero no violentas.

Es cierto que estos actos no los han reivindicado los chalecos amarillos, al menos hasta donde yo sé. Lo veo como un reflejo de la sociología del movimiento, porque tras la desobediencia civil cada vez están más presente las clases medias con estudios. El término se ha convertido en una etiqueta que sacan en el debate público aquellos familiarizados con sus códigos.

Decir que se lleva a cabo desobediencia civil es afirmar que se es subversivo y no violento (algunos dirían que subversivos, pero no demasiado). El propio término desobediencia hace pensar en la infancia, por lo que tiene una connotación positiva. Se diferencia así del black bloc, o de los radicales, con independencia de quienes sean. Pero esta etiqueta sólo puede aplicarse si uno la ha descubierto culturalmente, en la universidad por ejemplo.

Cada vez es más reivindicada la desobediencia civil, ¿es posible hacer el trazado de su historia y de su rebrote en Francia?

En la década de los 50, surge la tradición de acciones ilegales y no violentas, en particular con el movimiento El Arca, que emana del gandismo [una corriente filosófica y política que pretende seguir las enseñanzas de Mahatma Gandhi].

Son pacifistas que crean comunidades vegetarianas no violentas basadas en el modelo del ashram indio. También lanzan acciones contra la energía nuclear militar, por ejemplo, tratando de entrar en las bases para demostrar que no son tan seguras.

Esta tradición continuó hasta la década de 1970. Lo encontramos en el rechazo a hacer el servicio militar durante la guerra de Argelia, en los movimientos de la segunda ola del feminismo, o en Larzac donde sus militantes están muy presentes, aunque no sean los únicos, para impedir la ampliación de los terrenos militares.

En la década de los 80 observamos que se debilita. Pero más allá de la desobediencia civil, los movimientos sociales en su conjunto se debilitan con el gobierno de siete años de François Mitterrand. La izquierda que accede al poder aspira a directivos y satisface una parte de las reivindicaciones, por ejemplo renunciando a las pruebas nucleares o a la extensión de Larzac.

¿Cómo reaparece el movimiento?

A mediados de los años 90, varios colectivos retomaron esta forma de acción para defender causas muy diferentes: Act-up y la famosa acción que cubre el Obelisco de la Concordia con un preservativo; el colectivo Jeudi Noir que abre las primeras casas okupas; la Red de Educación sin Fronteras que ayuda a los migrantes y a sus hijos; el desmantelamiento de McDonald's en Millau en 1999...

Son colectivos bastante estancos, que poco a poco se van acercando unos a otros, al darse cuenta de que todos ellos utilizan el vocabulario de la desobediencia y recurren a un repertorio de acción similar.

Este movimiento se inscribe en un contexto más amplio de los inicios de la conflictividad social y el altermundismo. Recordemos a José Bové, que participó no sólo en la acción de Millau sino también en la siega de los campos de transgénicos, lo que llevó al presidente Jacques Chirac a tomar posiciones. En esa época, publicó un libro con el periodista Gilles Luneau, titulado Pour la désobéissance civique.

Todavía hoy seguimos en ese ciclo, con un mayor efecto de masas. En el caso de Extinction Rebellion (RX), ya no estamos hablando de docenas sino de cientos de personas que dicen ser desobedientes civiles, lo que ya es algo considerable.

José Bové segando colza modificada genéticamente en Belpech (Aude) el 13 de abril de 2000. © Reuters José Bové segando colza modificada genéticamente en Belpech (Aude) el 13 de abril de 2000. © Reuters

Alude a Extinction Rebellion, también podemos mencionar la ANV-COP21. ¿Estos movimientos responden a la misma lógica?

Los dos movimientos no tienen la misma historia. La ANV proviene del Movimiento por una Alternativa No Violenta (el MAN). Creado en 1974, se inscribe aún hoy en día en la estela de Gandhi. XR surgió totalmente fuera del MAN, aunque retoma los principios y hasta una causa, la ecología, que está muy cerca de él. Dentro del MAN, la gente se preguntaba realmente de dónde proceden estos nuevos activistas.

La sociología de RX está muy cercana al MAN en términos de origen social, pero más joven. XR nació menos de una lectura en profundidad, de una reflexión sobre la no violencia que habría madurado lentamente, y más de un movimiento de desobediencia civil vinculado a la emergencia climática, lo que implica que no hay tiempo para perder cinco elecciones presidenciales o años de procedimientos legales.

En una tribuna publicada en Libération, los intelectuales Sandra Laugier y Albert Ogien le reprochan a Extinction Rebellion dos cosas: que no se haya metido en política y que no haya desobedecido realmente, sino que simplemente haya llevado a cabo bloqueos para exigir actos al Gobierno. ¿Qué opina?

De hecho, Laugier y Ogien le reprochan a Extinction Rebellion que se dirija al Gobierno, y por lo tanto presuponer que el gobierno tiene la solución. En mi opinión, este no es un criterio que impida hablar de desobediencia civil. Ya lo he dicho, presupone dos criterios: el hecho de desobedecer (es decir, realizar acciones ilegales, aunque no todas las acciones ilegales son obviamente desobediencia civil), pero desobediencia no violenta. Esto no presupone nada en relación con el poder y su legitimidad.

En la historia de la desobediencia civil, se encuentra frecuentemente una demanda hecha al poder político. Por ejemplo, en el caso de Gandhi, estaba claro: « Quit India ». Pero también existe, en la mayoría de los casos, una política prefigurativa, es decir, la creación de los embriones de las instituciones que se desea ver emerger. Por eso Gandhi también alentó a los ashrams y abogó por la autonomía.

Encontramos esta doble dimensión en el caso de XR, que no sólo pide cosas al Gobierno sino que también trata de organizar un modo de vida democrático y ecológico, que es ciertamente embrionario, como el de Châtelet, pero que existe.

También lo encontramos en las agrupaciones [anarquistas] Zones à Défendre (ZAD), con la ocupación ilegal de tierras pertenecientes a Vinci, Carrefour u otros, la mayoría de las veces de forma no violenta, a la vez que se da vida a otro proyecto social aquí y ahora. Martin Luther King habló de « contestación creadora » para marcar estos dos aspectos de la desobediencia civil.

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