El pacto nuclear iraní suma numerosos detractores

Por

La trascendencia del acuerdo político alcanzado el pasado 2 de abril en Lausana (Suiza), entre Irán y sus seis interlocutores (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania) está por ver. Si bien deja la puerta abierta a un nuevo Oriente Próximo, se topa con la hostilidad de Israel, de los conservadores iraníes, los republicanos americanos y las monarquías del Golfo.

Acceso a los artículos es sólo para suscriptores.

Habrá que esperar tres meses para saber si el acuerdo político alcanzado el pasado jueves 2 de abril en Lausana (Suiza), entre Irán y sus seis interlocutores (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania), es realmente histórico. El próximo 30 de junio, al término de una negociaciones técnicas que se prevén arduas, y por consiguiente inciertas, está previsto que se ratifique –o no– el verdadero acuerdo global sobre el programa nuclear iraní. El que puede calificarse de histórico.

La visible satisfacción de Federica Mogherini, alta representante de la diplomacia europea, que presentó oficialmente el acuerdo, el rostro sonriente del ministro iraní de Asuntos Exteriores Mohammed Yavad Zarif, de pie a su lado, la solemnidad de Barack Obama, durante la rueda de prensa ofrecida en la Casa Blanca, no estaban fuera de lugar.

Y no lo estaban no porque los cuatro folios de acuerdos alcanzados tras las negociaciones permitían poner fin a una semana agotadora, desde el punto de vista físico y psíquico, para las delegaciones reunidas en el hotel Beau Rivage, sino también –y sobre todo– porque este « pacto preliminar », según la definición de Laurent Fabius [ministro francés de Asuntos Exteriores], trastoca el juego diplomático en Oriente Próximo y puede tener consecuencias mayores en la región. Y fuera de ella.