Cristina o el incorregible mito del eterno retorno

Por y Miguel Roig

La presidenta argentina está obligada a dejar el poder en octubre, pero el kirchnerismo ha puesto en marcha un entramado político y social que pervivirá. Si Scioli gana las elecciones presidenciales, Fernández de Kirchner ejercerá el control desde dentro del propio gobierno.

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Borges, en las tantas referencias que ha hecho sobre el peronismo, una de sus bestias negras, sostenía que este no es bueno ni malo, es incorregible. Perón, en su camaleónico recorrido vital y político, da fuerza a esta boutade borgiana si se atiende a su origen fascista, que abandona ante la supremacía de los Aliados frente al Eje en la Segunda Guerra Mundial; la adopción del paquete de leyes de los socialistas que promulga ni bien alcanza el poder pero que aplica desde un movimiento verticalista; y su regreso triunfal, desde el exilio, construido por un gran movimiento de izquierda. A este movimiento lo traiciona ni bien pisa suelo argentino y muere dejando al país en manos de su viuda, Isabel Martínez, comprometida con fuerzas parapoliciales y en el presidente del Senado, Italo Luder, quien, ejerciendo la magistratura del país en un breve interinato, firma una serie de decretos que autorizan la represión política en un claro prólogo de lo que será luego la larga noche de la dictadura militar (1976-1982).