Elecciones estadounidenses: nada funciona en el terreno de Trump

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Tras semanas de polémica, Donald Trump ha reorganizado su equipo de campaña rodeándose de personajes mediáticos extremistas. Paul Manafort, relaciones públicas y empresario con conexiones rusas, ha sido marginalizado en plena campaña del candidato republicano.

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De nuestra corresponsal en New York (Estados Unidos).- « Hay que dejar a Donald Trump actuar como Donald Trump. » Este era el lema del primer director de campaña del candidato republicano, Corey Lewandowski, ahora apartado del partido por haber defendido este enfoque. Los líderes del partido republicano dieron un golpe sobre la mesa exigiendo a Donald Trump una imagen más « presidenciable ». Paul Manafort, experto en la construcción de marcas políticas, había tomado las riendas de la campaña.

Manafort no era ningún desconocido para el partido republicano. Trabajó con Ronald Reagan, George H. W. Bush, e, incluso, organizó la convención de la formación en 1996. Sin olvidar que Paul Manafort, y la sociedad de la cual es cofundador, en el pasado BMSK, también ha aconsejado a dictadores y líderes poco recomendables: de Mobutu Sese Seko, en la República Democrática del Congo, a Ferdinand Marcos en Filipinas, pasando por Viktor Ianoukovitch en Ucrania, destituido tras la revolución de Maïdan en febrero de 2014.

Paul Manafort en una convención republicana en julio. © Reuters Paul Manafort en una convención republicana en julio. © Reuters

Precisamente, su pasado ucraniano persigue hoy, en el peor momento, a Paul Manafort. Nada funciona en la esfera de Trump. Las polémicas se amontonan, los republicanos huyen en desbandada, los sondeos son desastrosos… Donald Trump intenta poner en marcha una enésima operación de rescate: acaba de nombrar a un nuevo director para relanzar su campaña, no menos importante. Ahora veremos.

Empecemos primero por el espinoso relaciones públicas Paul Manafort. El 14 de agosto, el New York Times reveló que su nombre aparecía en la contabilidad secreta de Viktor Ianoukovitch, elegido presidente de Ucrania en 2010, destituido en 2014, aconsejado por Manafort entre 2007 y 2012. Según el diario estadounidense, estos carnets manuscritos indican que Paul Manafort habría sido el destinatario de una veintena de trasferencias en cash, en total habría recibido 12,7 millones de dólares. 

Nada prueba, por el momento, que estas cantidades fueran pagadas. Paul Manafort niega haberlas recibido. Sin embargo, este affaire alimenta las dudas y suscita múltiples preguntas sobre las actividades y emolumentos de los consejeros americanos como Paul Manafort, pero también sobre los lazos del equipo de Donald Trump con la Rusia de Vladimir Poutine por quien el candidato republicano no esconde su simpatía.

Viktor Ianoukovitch, ahora refugiado en Rusia, era, en efecto, el hombre del Kremlin, recibiendo apoyo constante de Vladimir Poutine.

Como bien resumía la web Slate en abril de 2016, es « muy complicado responder a la pregunta: ¿Quién paga a Paul Manafort? ». La legislación estadounidense es tan laxa que los miembros del lobby y los consultores, ofreciendo sus servicios a nivel internacional, pueden evitar, con mucha facilidad, declarar la fuente y el montante de sus remuneraciones en el extranjero. Lo que es aún más complicado cuando dichos consejeros se codean con líderes autócratas.

Hay que remarcar que Paul Manafort no ha sido el único que ha trabajado para Viktor Ianoukovitch. El principal consejero de la campaña de Bernie Sanders, Tad Devine, también aparece en el escenario ucraniano, en 2006 y en 2010. Sin embargo, Manafort fue el que más se implicó: contaba con una oficina sobre el terreno y reclutó a una decena de consultores americanos. ¿Su objetivo? Multiplicar los estudios de estadística y remodelar, en consecuencia, la imagen de Ianoukovitch antes de las elecciones presidenciales.

Paul Manafort importa a Kiev las recetas estadounidenses, les enseña a mostrar empatía por sus votantes, a saludar a la multitud en lugar de mostrarse estáticos. En definitiva, les convierte en personajes « presidenciables ». Viktor Ianoukovitch fue elegido en 2010. Sin embargo, el consulado estadounidense no abandonó la región. Según el New York Times, Manafort trató de lanzar empresas comerciales en el terreno aprovechando las conexiones ucranianas y rusas, también establecidas en la zona, haciendo tratos con oligarcas como Oleg Deripaska, cercano a Vladimir Poutine.

Lobby político y trapicheos bajo la marca de Paul Manafort. El mes pasado, Mediapart revelaba que su nombre aparece en la investigación francesa sobre el contrabando de armas del clan Balladur y el affaire Karachi. El « consultor » no solo propuso sus servicios a Édouard Balladur en 1995. Hoy es investigado por la justicia francesa por haber firmado un contrato ficticio con el contrabandista de armas Ziad Takieddine, con el objetivo de maquillar el origen oculto del dinero en cash encontrado por las autoridades aduaneras en pleno affaire Karachi (leer nuestra investigación aquí).

Más que suficiente para relanzar el debate en Estados Unidos sobre la naturaleza de las relaciones de Donald Trump con la Rusia de Vladimir Poutine. El debate, hasta ahora, se basaba esencialmente en las declaraciones desorbitadas de Donald Trump. Estas últimas semanas, el candidato republicano ha invitado a Rusia a interesarse por los affaires políticos estadounidenses, centrándose, por ejemplo, en piratear el email de Hillary Clinton para revelar su contenido. Incluso ha dejado entender que los habitantes de Crimea están satisfechos de su anexión a Rusia. Objetivos ambiguos, jamás detallados, que Trump resuelve con un « Yo no tengo nada que ver con Rusia », cada vez que es interrogado por un periodista.

Con el affaire Manafort, Donald Trump ha frenado rápidamente la discusión, desplazando la atención mediática, como bien sabe hacer. Ha creado un nuevo puesto, el de « director general de campaña », y lo ha confiado a un personaje sulfuroso: Stephen Bannon. Se trata de un antiguo banquero de Goldman Sachs que dirige la web conservadora Breitbart, un medio popular creador en 2007 con tintes populistas, anti-élites, y de tendencia a la conspiración. Dicho de otro modo, todo lo que gusta al público que ha permitido el éxito de Trump en las elecciones primarias del partido republicano.

En lo que concierne a Paul Manafort, si bien conserva su puesto como director, se encuentra marginalizado, y sus viejos métodos, que deberían permitir convertir a Trump en un personaje más « presidenciable », ciertamente relegados al olvido. No, Donald Trump quiere « hacer de Donald Trump » y nada más, sin preocuparse por seducir al centro y a los indecisos. « Con Stephen Bannon, ¡todos los golpes están permitidos! », ha comentado Corey Lewandowski, primer director de la campaña de Donald Trump y aún en su esfera de influencia. Volvemos a la casilla de salida, de mal en peor.

Versión española y edición: Irene Casado Sánchez.

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