Alemania abre un juicio histórico contra el jefe de un centro de tortura en Siria

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Acusado de crímenes contra la humanidad, 58 asesinatos y 4.000 actos de tortura, Anwar Raslan está siendo juzgado en Coblenza por haber participado en la maquinaria de muerte del régimen de Bashar al-Assad. Su histórico juicio divide a la oposición siria.

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En 2012, a medida que la insurgencia comenzaba a extenderse en Siria, ciudad tras ciudad, región tras región, algunos oficiales del Ejército y de los servicios de inteligencia cometieron el error de creer que el régimen de Bashar Al-Assad caería. Así, desertaron y huyeron a Europa. Entre ellos, también se colaron algunos falsos desertores, pasando a la oposición para infiltrarse en ella.

Ahora, en el proceso que acaba de comenzar en Coblenza, Alemania, se plantean algunas preguntas sobre el coronel Anwar Raslan: ¿era un verdadero desertor o un agente de los moukhabarat (servicio de inteligencia sirio) en misión? Y si cambió de bando, ¿debe ser absuelto de los muchos crímenes y torturas perpetrados por la unidad que comandaba?

A pesar de la crisis del coronavirus, el oficial sirio comparece ante el Tribunal Superior Regional de Renania-Palatinado desde el 23 de abril, y lo seguirá haciendo hasta mediados de agosto, por acusaciones de crímenes contra la humanidad, violación, maltratos sexuales agravados y 58 asesinatos cometidos a principios de 2010 por la sección 251, conocida también con el nombre de Al-Khatib, que él dirigía hasta el momento de su deserción.

El fiscal Jasper Klinge responde a las preguntas de los periodistas el 23 de abril de 2020. © Thomas Lohnes/AFP El fiscal Jasper Klinge responde a las preguntas de los periodistas el 23 de abril de 2020. © Thomas Lohnes/AFP

Hasta ahora, es el oficial sirio de más alto rango que comparece ante magistrados europeos gracias al principio de competencia universal, acusado de cargos tan graves. « Es un proceso muy importante para la justicia internacional y por supuesto también para Siria, para los que están actualmente encarcelados y siendo torturados, y para los torturadores mismos que ahora tendrán que plantearse su papel. Para los sirios, es un proceso ejemplar porque tiene lugar ante la justicia alemana y el acusado tendrá a su disposición medios para su defensa », estima el escritor Michel Kilo, una figura histórica de la oposición siria de izquierdas, que fue encarcelado en varias ocasiones y que ahora vive como refugiado en París.

El escritor ha contabilizado 663 centros de seguridad y de detención arbitrarios que describen un archipiélago de represión y torturas sistemáticas a lo largo de todo el territorio sirio, compartido por ocho grandes servicios secretos. La sección 251 pertenece a Idarat Al-Amm Al-Amm, la Dirección General de Seguridad, el servicio civil más importante del aparato represivo. Esta sección está especializada en la recogida de información y, como los demás servicios secretos, posee sus propias cárceles, secretas o no, como la de Kfar Soussé, en las afueras de Damasco.

Ahí, según las organizaciones sirias de derechos humanos, han sido torturados unos 4.000 detenidos entre 2010 y 2011, algunos hasta morir, como cita el acta de acusación. Esas torturas fueron supervisadas por Anwar Raslan, de 57 años, entre el 29 de abril de 2011 y el 7 de septiembre de 2012, es decir, durante 500 días, en calidad de jefe del servicio de investigación de la sección 251. Sin embargo, no se sabe si participó o no directamente en ellas antes de desertar y refugiarse en Jordania y, tras obtener el estatuto de refugiado político, en Alemania. En total, el acusado habría trabajado dieciocho años en los servicios de inteligencia sirios, según ha declarado ante el tribunal un investigador de la policía criminal alemana, la BKA.

Anwar Raslan ha suministrado a la policía alemana, en un par de interrogatorios, « amplia y variada información » reconociendo « detenciones arbitrarias e interrogatorios con violencia ». Un investigador de la BKA ha descrito ante los jueces los diferentes métodos de tortura utilizados en dicho centro de detención. « No obstante, es importante saber que Anwar Raslan no ha venido por voluntad propia a la policía para declarar sobre su pasado », subraya la politóloga y opositora Bassma Kodmani, que dirige el think tank Arab Reform Initiative. « Su responsabilidad en los crímenes y las torturas cometidas por la sección 251 es irrefutable. Lo veremos durante el proceso porque esperamos más de cincuenta testigos de cargo ».

Si hoy comparece es gracias al abogado sirio de derechos humanos Anwar Al-Bunni, fundador del Centro Sirio de Estudios e Investigaciones Legales, también refugiado en Alemania desde 2014 y detenido en 2006 por orden del coronel Raslan. Al-Bunni estuvo en la cárcel varias veces con anterioridad y por largos periodos, al igual que sus cinco hermanos y su hermana, y considera este proceso como el « combate de su vida y el de su familia ».

El verdugo y su víctima, liberada en 2011, llegaron a Alemania con dos meses de diferencia y se alojaron en el mismo centro de demandantes de asilo en Berlín. Unos meses más tarde, el opositor reconoció en unos grandes almacenes al jefe de la sección 251. En el proceso, los dos hombres se verán las caras de nuevo.

Pero no toda la oposición siria aplaude este proceso que está creando un gran revuelo en su seno. « Está dividida, con una dimensión comunitaria. La oposición sunita, a la que pertenece el oficial, reprocha a los abogados sirios que iniciaron el proceso, uno alauita y el otro cristiano, procesar a un simple ejecutor, y les dice:¿No habéis encontrado nada mejor que un pequeño oficial?Si él hubiera sido un hombre del sistema habría sido muy rico, lo que evidentemente no es el caso », explica el politólogo Salam Kawakibi, director del Centro Árabe de Investigación y Estudios Políticos de París (Carep).

« Para Anwar Raslan es difícil conocer las razones y condiciones exactas de su deserción, lo que alimenta rumores y suscita controversias en la oposición », dice el politólogo y especialista en Siria Ziad Majed. « Los que le defienden consideran que su deserción tendría que haberle protegido y que el hecho de juzgarle envía un mensaje a todos los oficiales que pensaban dejar lanave del régimende que se olviden de una amnistía. Los que se alegran de su comparecencia ante un tribunal dicen, por el contrario, que desertar no blanquea en absoluto los crímenes ya cometidos que, en ningún caso, deben quedar impunes ».

Junto a él comparece otro acusado de menos envergadura, Eyad Al-Gharib, de 43 años, llegado a Alemania en abril de 2018 y acusado de asistencia a la tortura y muerte en 30 casos. Uno de sus allegados, instalado desde hace mucho tiempo en Alemania, le describe ante la prensa como un militar obligado a obedecer órdenes de sus superiores, a pesar de que era consciente de los abusos sufridos por los manifestantes que él mandaba detener. « Si él hubiera dicho una sola palabra, la vida de Eyad habría tenido menos valor que un cartucho », explica Zain Al-Hussein en Süddeutsche Zeintung.

« Hay una gran diferencia entre Anwar Raslan y Eyad al-Gharib -precisa Michel Kilo-. El primero es un hombre muy importante. Posee documentos sobre el régimen, pero nunca se los ha dado a la oposición. También se encargó de investigar la muerte de Imad Moughnieh [el líder del ala militar de Hezbollah, asesinado en febrero de 2008 en Damasco, probablemente por el Mossad israelí]. Tampoco ha condenado nunca los abusos que cometió, justificándose con la acusación de otros. Eyad al-Gharib, por otro lado, nos contó lo que sabía ».

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