El virus WannaCry deja al descubierto las lagunas de la ciberseguridad mundial

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El ataque informático del pasado 12 de mayo fue, por encima de todo, un fallo de seguridad. Son muchas las responsabilidades que pueden ser resaltadas: desde la de la NSA, que inspiró directamente el virus, así como la de los Estados que permiten el desarrollo de un verdadero mercado de vulnerabilidades informáticas, sin olvidar la de las empresas que habían sido prevenidas de que tal ataque podría suceder.

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En apenas una semana, un grupo de investigadores desencriptaba el virus WannaCry que, el viernes 12 de mayo, afectó a más de 300.000 ordenadores de 150 países, secuestrando los datos que contenían dichas computadoras. La herramienta, que permite descifrar el PC sin tener que pagar el rescate reclamado por los cibercriminales, bautizada como WanaKiwi, la han desarrollado tres franceses, Adrien Guinet, Matthieu Suiche y Benjamin Delpy. El viernes 19 de mayo, Europol informaba de que había probado con éxito el software en el que había trabajado el trío, de forma oficiosa, varios días con sus respectivas noches. De este modo, WanaKiwi, disponible en acceso libre, debería poner freno a la propagación del virus y dar carpetazo, temporalmente, a un episodio poco glorioso de la historia de la seguridad informática.