Porqué la corrupción no pasa factura a la derecha española

Por y Daniel Ríos

El Partido Popular tendrá que aceptar una comisión de investigación sobre Bárcenas, ex tesorero del PP, si quiere negociar con Ciudadanos y PSOE. La corrupción sigue onmipresente en el debate político. Pero, ¿pasa realmente factura en las urnas? infoLibre, socio editorial de Mediapart, le ha preguntado a los expertos. Esta es su respuesta.

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Febrero de 2016. Nueve de los diez concejales del PP en el Ayuntamiento de Valencia son imputados en la investigación del caso Taula por un presunto delito de blanqueo. Posteriormente, su portavoz, Rita Barberá, acepta declarar voluntariamente ante el juez por estos hechos. Apenas un mes antes, en enero, el PP se había convertido en el primer partido imputado en la democracia por la destrucción de los discos duros de los ordenadores de su extesorero Luis Bárcenas. Sin embargo, el 26 de junio los conservadores celebraron una incontestable victoria en las elecciones con el 33% de los votos, 4,2 puntos por encima de sus resultados de diciembre. 

El fenómeno de la corrupción en España ha vuelto al centro del debate político esta semana después de que Ciudadanos incluyera entre sus condiciones irrenunciables negociar la investidura de Mariano Rajoy cuestiones como la puesta en marcha de una comisión de investigación parlamentaria sobre el caso Bárcenas, el fin de los aforamientos de los parlamentarios o que sean inmediatamente apartados de sus cargos los diputados o senadores que resulten imputados tras ser implicados en casos de corrupción. 

Precisamente este viernes, dos días después del anuncio de Rivera, el PSOE registró en el Congreso una solicitud de creación de comisión de investigaciónsobre « las tramas de corrupción y financiación del PP y su cúpula ». Podemos reaccionó solicitando que se amplíe a todos los partidos políticos, al igual que el PP, que además consideró « una vergüenza » y una « frivolidad » que los socialistas la registraran en este momento. 

Pero, ¿realmente pasan factura en las urnas los casos de corrupción? A simple vista, algunos resultados electorales podrían hacer pensar que la corrupción en España sale gratis. Expertos consultados por infoLibre, socio editorial de Mediapart, afirman que estas prácticas sí afectan a los partidos en sus resultados electorales al mismo nivel que en los países de nuestro entorno, aunque señalan que normalmente la corrupción no provoca cambios de Gobierno, ya que no es el único criterio que valoran los votantes. 

« La corrupción sí que pasa factura a nivel electoral, tiene impacto y hay electores que castigan a los partidos por corruptos, pero es cierto que este castigo no tiene el efecto suficiente como para que se note especialmente », explica Elena Costas, investigadora postdoctoral de la Universidad Autónoma de Barcelona. Costas, experta en corrupción, señala que las prácticas delictivas que más se pagan se dan en el ámbito local, ya que es más fácil relacionar a un cargo público con la corrupción, si bien señala que el efecto de estas revelaciones rara vez acaba con la pérdida del puesto del alcalde.

La experta hace referencia a su tesis doctoral, Essays on the political economy of local corruption, que incluye datos al respecto. En este sentido, la investigación revela que un escándalo de corrupción a nivel local únicamente produce, de media, una pérdida del 4% de los votos para el corrupto, una cifra que asciende hasta el 9% si el caso tiene la atención continuada de los medios de comunicación y que puede ser de hasta el 14% de los votos si finalmente se judicializa. 

« Es cierto que la corrupción se paga en España, pero también es verdad que afecta poco al porcentaje de voto en las elecciones », coincide Víctor Lapuente, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). El experto explica, y también lo hace Costas, que los efectos electorales de la corrupción son más fáciles de medir a nivel local que estatal y también perjudican más al corrupto en la escala municipal, ya que el elector puede vincular más fácilmente la actuación irregular con su responsable, según argumenta la politóloga.

  • Diferente corrupción, el mismo castigo 

Ambos especialistas también coinciden en subrayar que España no tiene especial permisividad con la corrupción, ni tampoco castiga poco los casos en relación a los países de nuestro entorno. « El votante español es igual de intolerante a la corrupción que el votante medio de la UE », sostiene Costas, mientras que Lapuente señala que los estudios demuestran que el castigo electoral a los casos de corrupción en nuestro país es similar al de naciones como Italia o Brasil.

« Si hay algo que caracterice a España con respecto a otros países no es que no castigue la corrupción, sino que nuestra corrupción es poco extensiva pero muy intensiva », declara el especialista, que asegura que pese a que los datos reflejan que el 95% de la población cree que la corrupción es un problema grave, « no tenemos prácticamente experiencia directa » de la misma. « La policía no pide sobornos para quitar una multa, ni el médico pide dinero al ir a la consulta », pone como ejemplo Lapuente.

El experto apunta a la concentración de los casos de corrupción en las altas esferas de la administración como una de las causas de que el castigo a los partidos en las urnas sea poco significativo. Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional y catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid, coincide: « Si la gente piensa que la corrupción no le afecta directamente, aunque eso no sea cierto, tiende más a disculparla ».

« Pero es cierto que los fenómenos continuados de corrupción hacen callo », sostiene gráficamente Lapuente, que hace referencia a las diferentes reacciones que puede tener una sociedad que opine que está enfangada por la corrupción, que van desde la pérdida de interés por el sistema político hasta el cambio radical del sistema de partidos. El politólogo pone el ejemplo de Italia, que a principios de los años noventa se vio sacudida por el escándalo Tangentópoli, un amplio caso de corrupción que afectaba a la financiación de los principales partidos. « Al final, el pensamiento de los italianos fue 'bueno, si todos son corruptos, voy a votar a Berlusconi' », expone el experto.

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