Olof Palme o la mala conciencia de la socialdemocracia

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Treinta y cuatro años después de su muerte, la investigación del asesinato del primer ministro sueco ha sido cerrada. Se trata de una oportunidad única para echar la vista atrás y analizar esta figura de la socialdemocracia europea, encarnación de su grandeza perdida y también de algunas de sus renuncias.

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Se habían generado muchas expectativas con el anuncio del cierre de la investigación del asesinato de Olof Palme. Sin embargo, no han visto satisfechas, cuando menos. El 28 de febrero de 1986, el primer ministro sueco, líder del Partido Socialdemócrata (SAP) desde 1968, fue asesinado a la salida de un cine de Estocolmo. El caso nunca se resolvió; en realidad, tampoco está resuelto ahora. Uno de los sospechosos, el diseñador gráfico Stig Engström, ha sido ciertamente designado como el presunto asesino. Pero veinte años después de su suicidio, el fiscal a cargo del caso no ha presentado ninguna prueba técnica.