Venta de armas y petróleo: la servidumbre culpable de Francia con Arabia Saudí

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Al igual que sucedió con François Hollande, la Presidencia de Emmanuel Macron alinea su política en Oriente Medio con los intereses de Riad. Una elección inmoral -la venta de armas utilizadas en la sucia guerra de Yemen- e irresponsable -acentúa una dependencia energética y geopolítica desastrosa-. 

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Desde hace un año y medio, se recibe regularmente en el Palacio del Elíseo a dirigentes de ONG humanitarias y de defensa de los derechos humanos para hablar de la tragedia provocada por la guerra en Yemen o para quejarse de las abundantes ventas de armas francesas a las dictaduras, en particular a los países del Golfo Pérsico y Egipto. Una y otra vez son muy bien recibidos por los asesores, que escuchan atentamente sus puntos de vista e incluso parecen « aprobar [sus] mensajes de alerta y [sus] recomendaciones », según un integrante de estas organizaciones que ha participado en varias de dichas reuniones.

Sin embargo, invariablemente, en los días y las semanas siguientes, estos emisarios constatan que no se les ha escuchado y, sobre todo, que no se les ha tenido en cuenta. Como si se hubiesen dirigido a personas sordas. Hay un punto geográfico de fricción que reaparece regularmente: Arabia Saudí. La monarquía teocrática absoluta parece intocable.

Puede bombardear a civiles en Yemen de forma indiscriminada; puede encarcelar indefinidamente a activistas de la democracia y de los derechos de la mujer y ejecutar a un número creciente de condenados; puede practicar un islam de lo más riguroso, que no tiene nada que envidiar a las teorías de Daesh; puede empobrecer a su población mientras sus élites se hartan de comprar yates y castillos en el extranjero; puede secuestrar al jefe de gobierno de un país amigo, Líbano; puede hacer todo eso que Francia nunca levanta la voz. Y lo que es peor, halaga a Riad o le extiende la alfombra roja a la menor oportunidad. ¿Qué no haría París para ganarse a Arabia Saudí? Aparentemente todo.

El fenómeno no es del todo nuevo, pero viene cobrando cada vez más importancia en los últimos años, primero con François Hollande en la presidencia y luego con Emmanuel Macron -Nicolas Sarkozy, prefería Catar-. El reciente nombramiento de un fiel macronista, Sylvain Fort, al frente de la comunicación en el Elíseo puede aumentar aún más esta inclinación hacia los saudíes: la agencia que él mismo fundó, Steele & Holt, se encargó, tras aceptar su cargo en el Elíseo y dejar dicha empresa, de asegurar la comunicación del Reino y del príncipe heredero en Francia con el objetivo de mejorar su imagen y, según el diario Le Monde, de acompañar la firma de un acuerdo de colaboración con la Ópera de París.

Emmanuel Macron recibe al príncipe heredero Mohammed ben Salmane en el Palacio del Elíseo, el 10 de abril de 2018. © Reuters Emmanuel Macron recibe al príncipe heredero Mohammed ben Salmane en el Palacio del Elíseo, el 10 de abril de 2018. © Reuters

Armas, petróleo e Irán; esta es la tríada que dicta la relación de Francia con el reino wahabí y le lleva a hacer la vista gorda ante una de las autocracias más regresivas y mortales del planeta.

Con François Hollande, su leal Jean-Yves le Drian fue a la vez ministro de Defensa y ministro de Armamento. Con su gabinete, el antiguo barón socialista de Lorient, feudo de la Dirección de Construcción Naval (ahora Grupo Naval), era conocido como el más acérrimo promotor de la venta de armas francesas a países que deseaban equiparse con misiles, aviones y tanques. Fue el primero en conseguir vender el avión Rafale de Dassault en el extranjero. Sobre todo, creció la venta de armas a Arabia Saudí, de 400 millones de euros en 2013 a 600 millones de euros en 2015 y a 1.000 millones de euros en 2016.

Tras incorporarse a las filas de Macron, en mayo de 2017, se instaló, junto a su círculo íntimo, en el ministerio de Asuntos Exteriores, y según las confidencias de varias personas próximas al gobierno, « sigue vigilando la venta de armamento y continúa siendo uno de los interlocutores privilegiados de nuestros principales clientes ». Por lo tanto, la diplomacia francesa no es la del respeto de los derechos humanos, como se proclama a menudo, sino la de los intereses de la industria armamentística. Sabiendo que a Riad no le faltan los cortesanos en este campo, sobre todo en Estados Unidos, París se esfuerza por hacer todo lo que está en su mano para mantener la mejor relación posible. No se culpa a Arabia Saudí de las muertes evitables de civiles en Yemen, aunque se puedan emplear armas francesas para este fin, como no ha descartado Florence Parly, ministra de Defensa. El silencio es la consigna cuando las defensoras de los derechos de las mujeres han sido encarceladas arbitrariamente durante más de 100 días, a diferencia de lo que ocurre en Canadá (leer el artículo de Mediapart en francés).

Y cuando la ONU trata con dificultar de arrojar algo de luz sobre el destino de la población en Yemen con la ayuda de un grupo de expertos de Naciones Unidas, París pone la zancadilla a los procedimiento en la maquinaria de la organización para luego guardar silencio cuando su presidente evoca en voz alta la posibilidad de que Arabia Saudí sea culpable de crímenes de guerra (leer el siguiente artículo en francés: Face aux possibles crimes de guerre de la coalition, Paris se tait – Frente a los posibles crímenes de guerra de la coalición, París se calla).

Del mismo modo, cuando Emmanuel Macron se jacta de haber permitido la liberación de Rafik Hariri en noviembre de 2017 durante una escala en Riad, « fue después de haber luchado duramente durante varias horas con el príncipe Mohamed bin Salman, tan irrespetuoso con Francia, cuando el presidente tuvo que recordarle que hablaba con una potencia del Consejo de Seguridad », contaba hace unos meses un diplomático al que se le informó de este intercambio.

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