Francia: las pruebas de una mentira de Estado sobre las mascarillas

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Escasez disimulada, instrucciones sanitarias fútiles, propuestas de importación desatendidas, existencias insuficientes, empresas privilegiadas: basándose en numerosos testimonios y documentos confidenciales, una investigación de Mediapart revela la caótica gestión del Estado, entre enero y nuestros días, sobre el aprovisionamiento de un material crucial para hacer frente a la crisis sanitaria: las mascarillas. Lejos de admitir la falta de stocks, numerosas mentiras han tratado de ocultar la penuria. Mientras tanto, cientos de trabajadores del sector sanitario han sido contaminados en Francia.

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El martes 31 de marzo, en una visita oficial a una fábrica de producción de mascarillas quirúrgicas, el presidente de la República, Emmanuel Macron, citó muchas cifras sobre los suministros actuales, con el objetivo de tranquilizar al pueblo francés, preocupado por la escasez de este material médico esencial para la protección del personal sanitario.

Muchas cifras, excepto una: « 1.200 ».

« 1.200 », como el número oficial del personal de la Asistencia Pública-Hospitales de París (AP-HP), el buque insignia de los hospitales públicos franceses, que han sido contaminados por la Covid-19 desde el comienzo de la epidemia.

« 1.200 », como la prueba de la vulnerabilidad del personal sanitario, « en primera línea todos los días », como dice el jefe de Estado, pero demasiado a menudo sin la protección adecuada contra el virus.

« 1.200 », como resultado de la ineptitud del poder político ante una crisis sanitaria de escala y violencia sin precedentes.

Una enfermera sostiene la mano de un paciente en cuidados intensivos con Covid-19 en un hospital del sur de Francia. © Frédéric Dides/AFP Una enfermera sostiene la mano de un paciente en cuidados intensivos con Covid-19 en un hospital del sur de Francia. © Frédéric Dides/AFP

Mediapart publicó, el jueves 2 de abril, los resultados de una investigación de varias semanas que recopila las numerosas disfunciones de la jefatura de Estado desde el pasado mes de enero hasta el día de hoy. Una mentira de Estado que ha llevado a Francia a lo impensable: la escasez de mascarillas protectoras para su personal sanitario frente al Covid-19 y para su población en general.

Basándonos en numerosos testimonios y documentos confidenciales, a los que tuvimos acceso, nuestra investigación demuestra:

- A finales de enero y principios de febrero, el ministerio de Sanidad, consciente de las bajas existencias del Estado, decidió encargar sólo una cantidad muy pequeña de mascarillas, a pesar de las alertas internas. Además, el material tardó varias semanas en llegar. 

- Tras este primer fiasco, el Estado creó, a principios de marzo, una unidad interministerial dedicada a la compra de mascarillas. Pero de nuevo, los resultados fueron catastróficos: durante las tres primeras semanas de marzo, la unidad sólo pudo obtener 40 millones de mascarillas, el equivalente a una semana de consumo al ritmo actual. En particular, la unidad interministerial perdió varias oportunidades de entregas rápidas.

- El Gobierno ocultó esta escasez durante casi dos meses y, en función de las existencias, adaptó sus instrucciones sanitarias sobre el uso de mascarillas. A finales de febrero, el director general de Salud recomendó el uso de una mascarilla para cualquier persona en contacto con un portador de Covid-19. Un mes después, la portavoz del Ejecutivo declaró que era inútil...

- Empresas de sectores « no esenciales » de la economía continuaron consumiendo mascarillas, por razones económicas. Un ejemplo: el fabricante de aviones Airbus, que parece haber recibido un trato preferencial. Al mismo tiempo, personal sanitario sigue trabajando sin estas mascarillas protectoras debido a la falta de existencias suficientes.

- El Gobierno trata ahora de reponer las existencias, con una estrategia de 180°: es necesario preparar la salida del confinamiento, « donde sabemos que será necesario equipar masivamente » a la población, como admitió la secretaria de Estado de Economía, Agnès Pannier-Runacher, en una reunión que fue grabada y a la que Mediapart ha tenido acceso.

He aquí la historia de una tragedia en siete actos.

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 ACTO I (finales de enero de 2020). Mentira sobre una escasez

« El gran error en Estados Unidos y Europa es, en mi opinión, que la gente no usa mascarillas ». En la muy seria revista estadounidense Science, un científico chino de alto nivel recordó, el 27 de marzo, una evidencia frente al coronavirus, que se « transmite por medio de gotas respiratorias »: « Hay que llevar mascarillas ».

« Simplemente hablando el virus puede ser transmitido -subrayó George Gao, director general del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China, que ha estado en primera línea en la lucha contra el Covid-19-. Muchas personas afectadas son asintomáticas, o todavía no presentas síntomas: con una mascarilla, se puede evitar que las gotas portadoras del virus se escapen e infecten a otros ».

El problema: a mediados del pasado mes de enero, al inicio de la epidemia en China, los stocks de mascarillas son casi inexistente en Francia.

Según nuestra información, hay menos de 80 millones de mascarillas « quirúrgicas » -más otros 80 millones suplementarios encargados antes de la epidemia pero aún no entregados- y cero en stock de las llamadas mascarillas « FFP2 ». Las primeras son mascarillas básicas antiproyección, destinadas a la población, con una duración limitada de cuatro horas. No protegen a los que las usan, pero evitan que contaminen a otros con su esputo.

Las segundas -y su versión de gama alta, la FFP3- son mascarillas de protección respiratoria destinadas al personal sanitario. Sólo las FFP2 y FFP3 protegen a sus usuarios. En caso de pandemia, debe ser posible distribuirlas, como mínimo, a todo el personal sanitario más expuesto: enfermeras de hospital, médicos de ciudad, bomberos, conductores de ambulancias, etc… Sin embargo, Francia no tiene ninguna mascarilla de este tipo en stock.

Esta no es la elección del gobierno actual, sino de su predecesor. En 2013, la ministra de Sanidad, Marisol Touraine, decidió suprimir las existencias estratégicas del Estado y transferir esta competencia a los empleadores, ya sean privados o públicos, responsables ahora de « acumular existencias de mascarillas para proteger [a su] personal ».

En lugar de apostar por la transparencia sobre esta escasez -que no es de su autoría-, y explicar que las pocas existencias disponibles se reservarán prioritariamente para el personal sanitario, el Gobierno de Édouard Philippe decidió no informar a los franceses. Y utilizar argumentos sanitarios falsos para ocultar la insuficiencia de existencias. Así, explicará a su vez que las mascarillas son inútiles para la población en general, después que no son eficaces porque los franceses no saben cómo usarlas, para ahora, tarde, tratar de equipar « masivamente » a la población con el objetivo de salir del confinamiento.

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 ACTO II (finales de enero – principios de febrero). Una reacción lenta e insuficiente

Estamos en el mes de enero. En el entorno del profesor Jérôme Salomon, director general de Sanidad, ya hay preocupación, según las informaciones recopiladas por Mediapart: los responsables políticos no se atreven a admitir ante la población que las mascarillas podrían faltar, y prefieren decir al principio que las mascarillas son inútiles, hasta que llegue el pedido.

El 24 de enero, pocas horas antes de la confirmación de tres casos europeos (y franceses) de coronavirus, la ministra de Sanidad, Agnès Buzyn, se muestra tranquila a la salida del Consejo de Ministros: « Los riesgos de propagación del virus en la población [francesa] son muy bajos ».

Agnès Buzyn y Olivier Véran, durante el traspaso de la cartera de Sanidad, 17 de febrero de 2020. © Geoffroy van der Hasselt/AFP Agnès Buzyn y Olivier Véran, durante el traspaso de la cartera de Sanidad, 17 de febrero de 2020. © Geoffroy van der Hasselt/AFP

Dos días después, mientras que la Agencia Europea para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) aumenta el nivel de riesgo de importación a la Unión Europea, la ministra desalienta, en una entrevista concedida a RTL, el uso de mascarillas quirúrgicas, que según ella sólo son útiles « cuando se está enfermo ». La ministra relativiza: « Cuando te cruzas con alguien en la calle, el riesgo de contraer el virus es bajo ». También dice que « hay decenas de millones de mascarillas en stock, en caso de emergencia » y que « todo está perfectamente gestionado por las autoridades ». « Y si un día tuviéramos que usar una mascarillas, las distribuiríamos, no hay ninguna razón para salir a comprarlas », añadió.

Los franceses hacen todo lo contrario. A mediados de enero, « mucha gente se apresuró a comprar mascarillas en las farmacias, en tiendas de bricolaje, en internet, en todas partes. Eso acabó con muchas existencias », indicó, durante una reunión interna confidencial, el director comercial de la zona del Mediterráneo Occidental del fabricante estadounidense 3M, uno de los principales productores de mascarillas del mundo. Especialmente porque « muchas mascarillas que estaban almacenadas en Francia fueron a parar a China o a otros lugares ». La escasez en el circuito comercial fue tan violenta que 3M « dejó de abastecer a las farmacias francesas a finales de enero » y « dio prioridad a los hospitales », continuó explicando director comercial.

Los comentarios de Agnès Buzyn también están completamente desfasados con respecto a la realidad que vive, al mismo tiempo, la unidad de crisis del Ministerio de Salud, que está trabajando en un plan de acción para las diferentes etapas de la epidemia. Compuesta por 25 personas del CORRUSS (el centro de vigilancia del ministerio) y de la subdirección de « vigilancia y seguridad sanitaria », esta célula se alarma por las escasas existencias de mascarillas. « Empezamos a preocuparnos y nos pusimos en orden de batalla para comprar masivamente a finales de enero », confía a Mediapart, de forma anónima por su función, un miembro de la unidad de crisis.

El 24 de enero, la Dirección General de Salud (DGS) solicitó a la Agencia Francesa de Salud Pública (SPF), bajo la tutela del Ministerio, que hiciera un inventario de las existencias de material médico. El 30 de enero, pidió a la SPF que adquiriera « lo antes posible » sólo 1,1 millones de mascarillas FFP2, según un documento obtenido por Mediapart:

El encargo de equipo de protección ordenado por la Dirección General de Salud (DGS) el 30 de enero de 2020. © Documento de Mediapart El encargo de equipo de protección ordenado por la Dirección General de Salud (DGS) el 30 de enero de 2020. © Documento de Mediapart

En cuanto a las mascarillas quirúrgicas, el DGS no recomienda ningún nuevo suministro, salvo el pedido de 80 millones de mascarillas, realizado antes de la llegada de la epidemia y destinado a alcanzar un stock nacional de unos 160 millones. A los ojos de las autoridades sanitarias, esto parece ser suficiente.

El 7 de febrero, la DGS realiza una nueva solicitud a la SPF. Esta vez, el objetivo es adquirir 28,4 millones de FFP2, mediante un « procedimiento de compra rápida », contactando sólo a los tres principales productores franceses. No se hicieron pedidos adicionales de mascarillas quirúrgicas. Peor: la DGS ordena sacar el stock de 810.000 mascarillas quirúrgicas con una fecha de caducidad corta (31 de marzo, 31 de agosto de 2020), para enviarles a China...

Dos semanas después de la primera remisión, los resultados son catastróficos. El 12 de febrero, de los 28,4 millones de mascarillas FFP2 solicitadas, la SPF sólo había recibido 500.000 y había pedido otras 250.000 más, aún no entregadas. Y de los 160 millones de mascarillas quirúrgicas esperadas, siguen faltando 30 millones, pedidas pero aún no entregadas.

La preocupación aumenta inevitablemente en el Ministerio de Sanidad, que se alarma por las dificultades de abastecimiento y la lentitud de la Salud Pública de Francia. En una reunión interna sobre el tema, el 11 de febrero, se acto que no era seguro lograr el objetivo de 28,4 millones de mascarillas FFP2. Lo que no impidió al nuevo ministro de Sanidad, Olivier Véran, anunciar a bombo y platillo varias veces, el 18 de febrero, al micrófono de France Inter, que « Francia está preparada » ante el « riesgo de pandemia ».

¿Cómo explicas este fiasco? El Ministerio argumenta que se enfrenta a un mercado muy competitivo -oferta limitada, aumento de la demanda en todo el mundo, aumento de los precios-, especialmente frente a los asiáticos, que ya cuentan con sus canales de suministro habituales.

Pero, objetivamente, el Gobierno cometió varios errores: pedidos en volúmenes muy bajos, demasiado tardíos, dispersos -cada ministerio realiza pedidos por su cuenta, perdiendo peso en las negociaciones- y, por último, el uso de procedimientos de contratación pública inadaptados a la emergencia. Incluyendo a nivel europeo.

No hay movilización sin confianza
No hay confianza sin verdad
Apóyanos

Los empresarios que propusieron al Estado la importación de mascarillas han deseado permanecer en el anonimato. Nos proporcionaron numerosos documentos que atestiguan sus intercambios con el Estado y sus relaciones con los proveedores de mascarillas chinas (correos electrónicos, fotos, certificados de conformidad, etc.).

Todas las respuestas que recibimos están disponibles en su totalidad en la pestaña « Prolonger », en francés.

Solicitado el 29 de marzo, Matignon, el ministerio del Interior, la Agencia Francesa de Salud Pública (SPF) y la Dirección General de Salud (DGS) no respondieron a nuestras preguntas, remitiéndonos todos al gabinete del ministro de Sanidad para que nos respondiera. Después de seis solicitudes de prórroga de plazos, la consejera de comunicación del Ministro, Ségolène Redon, no respondió a nuestras 34 series de preguntas, simplemente nos envió, el miércoles 1 de abril, una larga cronología titulada « El curso de la gestión de crisis ».

Interrogado el 29 de marzo sobre su actuación y sobre la correspondiente a la SPF, Martial Mettendorff (director general adjunto de la SPF hasta finales de febrero, después encargado de la dirección de la « célula de la mascarillas » en el seno de la célula interministerial hasta finales de marzo) no quiso respondernos, y nos remitió a su sucesor, el comisario general de las Fuerzas Armadas Bernard Chassac. Contactado, este último tampoco respondió a nuestras preguntas.

Contactados, Agnès Buzyn y Jérôme Salomon, el director general de Salud (DGS), no respondieron.

Solicitada, la secretario de Estado del ministro de Economía, Agnès Pannier-Runacher, se negó a responder a nuestras preguntas alegando que su « agenda » no « lo permite ». En cuanto a sus declaraciones del 27 de marzo a la industria textil sobre la necesidad de « equipar masivamente » a la población con mascarillas después del confinamiento, su gabinete nos dijo que Agnès Pannier-Runacher « no tiene ningún comentario que hacer sobre las reuniones de trabajo », y que « la doctrina sobre el uso de las mascarillas de protección, así como cualquier cuestión de salud, son responsabilidad exclusiva del ministerio de Sanidad ».

La Comisión Europea respondió a nuestras preguntas por correo electrónico el lunes 30 de marzo, al igual que la Región de Île-de-France y la Agencia Regional de Salud de Île-de-France (ARS). La ARS Grand-Est respondió por correo electrónico el miércoles 1 de abril.

Airbus respondió a nuestras preguntas por correo electrónico. 3M y Geodis respondieron por correo electrónico y SMS respectivamente, sin responder a nuestras preguntas concretas.